lunes, febrero 06, 2012

Con trabajados 88 años ha muerto en España Antoni Tàpies. Hace cerca de unos cuatro, decía a el diario El País:  "Sigo trabajando casi al ritmo de siempre, salvo cuando he parado por motivos de salud. Cuando estoy bien, me levanto temprano y bajo al taller. Trabajo cinco horas por la mañana. Muchas veces arranco sin saber lo que voy a hacer. Me dejo guiar por el instinto y siempre se me ocurren cosas (...) Yo sé lo que quiero contar, pero no hay nada que explicar. Cada uno tiene que ver lo que tiene delante. Por eso suelo prescindir de los títulos y si los pongo son alusivos a algún elemento del cuadro no a su contenido". Sus materiales básicos eran arena, barro, lienzos de sarga, papel, polvo de mármol, restos de mobiliario casero, alguna vez un calcetín o un ropero (lleno de ropa) y –claro– pintura. Parte de su amor al grafismo se debía a algo que había surgido con su padre: "Tenía muchos libros que me comentaba y yo empecé a interesarme. Luego, ya de joven, viajé a Japón. Conocí personalmente a muchos artistas japoneses y me sentí seducido por ese mundo. Su caligrafía es de una belleza y de una profundidad extraordinarias. Contiene una sabiduría subyugante". El periodista consignó entonces: "Tàpies pinta con el cuadro en el suelo. La edad y sus achaques no le impiden hincar las rodillas y embadurnarse hasta el codo de la pasta que le sirve de base para la obra.  Sí, "me ayuda un chico acercándome los materiales, pero la elaboración y colocación de todos los elementos la hago con mis manos".










Antoni

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